lunes, 22 de mayo de 2017

Capitulo 98 "Condenados a entendernos, dijo Reuters"


Coherente pared andaluza


¿Por qué la gente no quiere saber? ¿Por qué no googlean cómo y quiénes manejan el mundo en lugar de cómo ser felices? ¿Por qué no averiguan a quiénes pertenecen los diarios que leen? ¿La televisión que miran? ¿Qué quieren que pensemos? ¿Por qué prefieren creer en dios a creer en sí mismos? ¿Por qué sienten que si logran muchos like en facebook algo bueno pasará en sus vidas? ¿Es la gente imbécil? ¿O está manipulada? ¿La tele los idiotiza? ¿O les da lo que demandan? ¡EL VIDEO DE YOUTUBE QUE MÁS VISITAS TIENE SE LLAMA “LAS CHICAS DE VERDAD NOS GUSTA EL POLLO FRITO! ¿Hay solución a esto, loco? ¿Y quién nos manda a querer cambiar el mundo? ¿Los boludos somos vos y yo que no podemos aceptarlo como es? ¿Quiénes la pasan menos peor, los que ignoran o los que saben? (Pausa larga y transición melosa) ¿Qué hay entre vos y ella? ¿La amas? ¿Se aman? ¿Se llevan bien? ¿Podríamos compartirte? (Ella se queda con Jesús y yo con el loco).

Todas estas preguntas embarullan mi cabeza mientras camino por la calle Placentines para su casa de lo más ansiosa. Piso un charco ¡La puta madre! Entonces recuerdo una frase de Woody Allen: ¿Por qué no dejo de destruir mi vida buscando respuestas que no voy a encontrar y me dedico a vivirla mientras dure?

Doblo la esquina y ahí está él bajo una tenue llovizna que usted dirá insiste en hacer a la cosa más romanticona pero si viera mis pelos y lo que la humedad hace de ellos... Me quedo un momento mirándolo, su pinta inconfundible, móvil en mano, sombrero loco, lentes de la colina. En la mesita del bar de enfrente yacen sus carpetas, morral, lapiceras, paraguas, parece su segunda oficina, me causa gracia.

Ya... Ya... dice cada tanto al teléfono. Camina corto y errático sobre los charcos mientras habla de mala gana. Me le paro detrás. Entonces se da vuelta y me ve unos segundos. Sonríe sutilmente, sin perder su gesto recio/seductor. Vuelve a la conversación.Y yo estoy que me muero muerta (aunque jamás se los confesaría). Condenados a entendernos, dijo su mirada o eso quise entender y déjeme ser ilusa por un rato, señora, usted lo es 24 horas al día ¡Le cree a Reuters! ¡Le cree a El país! Además crea yo lo que crea el mundo sigue siendo lo que es. Shhh... que cada vez que me mira siento que se me afloja algo adentro ¿Será que será esto el amor? ¿Sentir que algo adentro se te afloja?

Corta el teléfono y me mira apenas. Agarra sus cosas de lo más ensimismado. Alguien le pide una foto. Espero. Termina. Coge el paraguas, me dice, vamos para La Carbonería, ahí estará el Farruquito y vamos a trabajar con él y con Canales… ¿Quién es el Farruquito, vieja? ¿Quién es Canale? Agarro el paraguas y apuro el paso porque el loco ya dobla la esquina, apurado. Entonces me acuerdo de que no vale la pena preguntar, mejor vivir...

Continuará...

domingo, 7 de mayo de 2017

Capitulo 97 "No hay nostalgia peor"

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No lo dijo Gandhi pero lo digo yo que soy HARTO RESPETADA ahora que he ido tras mi sueño como dice el cartelito del face; digna de respeto soy ahora que he cruzádome el planeta con una mano atrás y otra adelante para obedecerla a usted que puso en la red social: “Nada ha cambiado excepto mi actitud por eso todo ha cambiado” (aunque yo la veo pantufleando como siempre). ¡No lo dijo Susana Rocasalvo pero lo digo YO que soy digna de ser escuchada después de haberme perdido ya cuarenta veces en esta puta ciudad por ir tras mi leyenda personal! Sí, la que se pierde soy yo pero la puta es la ciudad, al igual que USTEDES llaman pringaos hijos de su mala madre a los afanancios del parlamento pero los que emiten el voto son etc. ¿Y qué es lo que digo yo que no dice Gandhi, tanto aspaviento? (No se pregunta usted) Pues que habiéndome dado cuenta de que el quid de la cuestión es vivir para escribir, meterme en bretes para hacer que la historia avance, dar lugar a los acontecimientos que por ahí andan esparcidos y me van sorprendiendo es que atendí el teléfono esa mañana lluviosa.

Había decidido no verlo más ¡Basta con esto porque te hace mal, Marina! (Me hablo a mi misma porque no tengo contacto con otros seres, soy fóbica) Definitivamente hay que escapar de lo que nos estremece demasiao y sabemos que no va a durar, vieja pantufla, porque es imposible disfrutarlo ¡Sufrimiento asegurado es todo esto al final! Si el tipo este vive en Sevilla, me lleva 35 años y yo vivo del otro lado del planeta; él no se va a ir a Buenos Aires conmigo porque tiene su vida hecha acá, su trabajo, su mujer. Al menos que escriba en este blog que se viene conmigo, claro, entonces sucedería pero por ahora el relato necesita que el amor sea imposible y atenti porque quiero experimentar eso de volverse viral así que estoy por agregarme una enfermedad terminal, aun no decido cual pero estoy empezando a toser… Y ya lo dice la frase: si queres hacer reír a dios contale tus planes:



Estaba yo en la terraza del hostal planeando mi viaje a la Alhambra porque tenía que rellenar el aburrido tiempo que me quedaba en Andalucía (sin el loco) con alguna pavada de turista, hacer mis tareas de desapego como había decidido, poner ya mi mente en Argentina y en mi vida  caucásica a la que regresaba en una semana. Acababa de comprar el boleto a Granada cuando SONÓ MI TELÉFONO CELULAR (sonamos...), miro el display… ¿Y cómo no atender al cuerdo de Andalucía? Que fuera ya para la casa, que me esperaba ahí, que había podido hablar con no sé quién y que íbamos a hacer un trabajo a no sé dónde… Parece que al hombre le divirtió esto de escribir viviendo. Me empezó a temblar la voz, la mano, el alma, el ipad, el precario nokia y la mar en coche también... No dudé un segundo, bajé volando la escalera, agarré una camperita liviana y salí para lo del loco porque no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió. (Sigue en el 98, pinche acá y va)

Continuará...

miércoles, 26 de abril de 2017

Capítulo 96 "Cartón pintado"

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¡Ridículo! ¡Inconcebible! ¡Con lo seguros que estábamos todos de estar en lo cierto! ¡Con lo tranquilos que nos habíamos quedado! Resulta que ahora la cosa no era como pensábamos ¡Creíamos que era rojo y al final era amarillo patito! ¡Creíamos que era A pero en verdad era lo contrario! ¡Creíamos que eran los chechenos y había sido Putin! ¿Pero de qué cuernos está hablando Marina, siempre tan vueltera? (No se pregunta usted al borde de la catatonia). Pues da igual, vieja rasposa, porque todas las verdades tarde o temprano han sido desmentidas INCLUSO LAS FALSAS así que si cree que acertó, está equivocada. Además entre nosotras ¿de qué me sirve estar en lo cierto si sigo siendo una infeliz? ¿Y POR QUÉ ES MARINA UNA INFELIZ? (Tampoco se pregunta usted al borde del aneurisma). Pues porque nos acercamos a la crónica del final tan anunciado:

Antonio, Aguilar, Vigorra y el castillo en la cima.
Viene cayendo ya la tarde en Almodovar del Río. Sigo a Jesús escaleras abajo, vamos abandonando el lugar de la comilona atenea junto a Vigorra y a otros que no sé ni quiénes son. Al andar con la celebrity, vengo descubriendo, se vive rodeado de gente, de la famosa y de la otra, es bastante entretenida la cosa (al menos por ahora). Antonio Gala hizo mutis por el foro y no ha dejado ni rastros salvo la sensación en mi de no haber charlado con él lo suficiente. Mis pensamientos se han aquietado. Por primera vez en todo el viaje no estoy intentando adivinar qué es lo que sigue. ¿Será que al fin aprendí a vivir el presente? ¿O es el cansancio por tantas putas emociones? Un grupo de chicas lo para al loco y le pide fotos. Jesús accede. Todos sonríen. Yo sigo camino abajo, digamos que deprimida.

Chicas Almodovar
Llegando al final de la escalera abro la puerta del lugar y la verdad es que sí, estoy abrumada. ¡Demasiado sueño cumplido para un solo día! Acá afuera el silencio es abrumador, no hay un alma en la angosta callecita. Y dice Galeano que el miedo es una cárcel muy aburrida, ya lo sé, pero yo en este momento siento eso, qué le voy a hacer... Miedo de que se termine todo esto; miedo de irme con Jesús a su casa si se da; miedo de no ir, de no animarme y arrepentirme después toda la vida; miedo a terminar en el hostal sin poder frenar mi cabeza; de engancharme con él alocadamente ¿y después qué? El grupo abre la puerta, Jesús viene charlando con una chica de la organización, ella lo cubre con un paraguas. Tú te viene con nosotros, me dice él y sigue charlando (ay...). Ella lo escucha atenta mientras él, seductor, le habla por lo bajo. Ambos se ríen.


Y sí, el día se acaba y tanto joder encontré a mis musos; este personaje ha logrado al fin el objetivo. Vigorra nos llama, que lo sigamos, nos apura mientras camina hacia el Mercedes con sus llaves en la mano. Y allá vamos los dos tras despedirnos de todos esos extraños. Extraños que compartieron conmigo el día que no voy a olvidarme, el día que me demostré que si uno se lo propone llega hasta dónde se le da la gana. Lo demás, cartón pintado. (Capítulo siguiente pinche acá)

Continuará...

miércoles, 12 de abril de 2017

Capitulo 95 "Mejor poco pero mejor"

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Mejor poco pero mejor, decía el neurótico Lenin y yo claro tomo la frase que tan lindo suena pero al igual que todos ustedes no me intereso por comprender qué cuernos quería decir con ella el tipo y así de superficialmente la encajo acá para darme el envión y empezar este capítulo (total usted no entiende ni medio y tampoco le preocupa):

¡Mejor poco pero mejor, claro que sí! Porque cuando se tiene mucho de algo suele ser una macana. Si se tiene mucha plata no se es más feliz sino que agarra el pánico a perderla (ya probé); cuando lo mucho es poder intuyo que pasa lo mismo; con muchas opciones aparece la parálisis por el miedo a equivocarse. (Pausa jodida) ¿Y cuándo una tiene de pronto mucha confianza con el loco de la colina? (No pregunta usted pero yo igual le respondo). Pues la cosa deja de ser color de rosa:

Ay
¡Pero te he dicho que me llames, que había lugar en el auto!, vuelve a decirme él al tiempo que toma un sorbo de su cerveza ¡Que te hubiera venido conmigo y con Vigorra, niña! Yo lo escucho mientras sigo dando cuenta de la comida que está riquísima, casi lo mejor de esta saga (porque poca) ¡Y bueno, loco, yo qué sé… no te llamé porque no sabía… bah… en realidad sí te llamé pero no esperé mucho a que atiendas porque quizá estabas ocupado y... no sé… yo te caí como piedra sin llover desde Argentina... vos me recibiste en tu casa... y estaba ella… qué sé yo… ella es tan (guapa)… eso… pensé que quizá te molestaba y… no quiero causarte problemas, Jesús… recién te estoy conociendo…

Él hace un silencio de esos. Me estudia unos segundos, su mirada cambia. ¿Y qué te va pareciendo?, pregunta con cara de perro mojado ¿Soy una buena persona? (Creo que en breve lo voy a empezar a amar tremendamente pero si le confieso no sé a dónde terminamo... ¡Y SE CALLA USTED, VIEJA IMPÚDICA!)

Le devuelvo el tenedor cuasi temblando. Estamos sentados tan cerca el uno del otro que casi escucho los latidos de su corazón. Corazón loco. ¿Y cuándo fue que empezamos a tener tanta confianza? ¿Cuándo pasamos del poco al demasiado? ¿Es que estamos teniendo ya nuestra primera discusión? ¿Nuestro primer encontronazo a los pies del castillo de Almodovar? ¡TODO POR NO HACERLE CASO AL BOLCHEVIQUE!


De pronto la gente se alborota en el comedor. Vigorra abre la puerta y se nos acerca, nos corta el clima romanticón para decirnos que Antonio Gala ya está emprendiendo la retirada y que nosotros haremos lo propio en breve porque tiene que escribir su artículo para el diario no sé cuál y después ir a buscar a su hijo a no sé dónde ¡¿Antonio ya se está yendo?! El corazón me da un vuelco porque lo más seguro es que no vuelva a verlo y no hablé mucho con él... pero el amor es como un rayo que te cala los huesos y te deja estaqueado. Lo miro al loco. No me muevo del sillón. (Capítulo siguiente pinche acá y va)

Continuará...

viernes, 31 de marzo de 2017

Capitulo 94 "No vaya por su sueño, vieja"

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Gala, el sombrero loco y el de la colina buscandoló
Claro. ¡Ustedes son todos unos turros! Ponen el cartelito en face pero no advierten que ir tras los sueños tiene sus neuróticas consecuencias. ¡Ir tras el sueño es lanzarse al vacío sin saber si hay agua, vieja nefasta! ¡Puro imprevisto es al final todo esto! ¡Tan bien que estaba cuando no encontraba a este tipo! ¡TAN FELIZ QUE ERA YO CUANDO ERA INFELIZ! Y ahora mismo-- SE CALLA USTED que ahora mismo está por darme de nuevo la taquicardia porque entramos con el loco al enorme lugar de la comilona atenea (tras haber rescatado su sombrero) y a unos metros ¡¡Antonio Gala!! Está almorzando mientras chusmea sin parar con una señora de violeta. Parece bastante contrariado el hombre. En el lugar hace mucho calor, no cabe un alfiler y todos hablan a los gritos… Jesús me dice al oído que la mujer de violeta es Rosa Aguilar, la consejera de cultura. Así que todavía no sé cómo vuelvo a Sevilla pero parece que comer voy a comer (y no con cualquiera).


Me quedo parada un momento frente a las mesas repletas. Lo miro a Antonio. Me río sola ¿Qué cuernos estoy haciendo yo acá? ¿Qué es lo que queres, Marina? ¿Buscando, perdida o escapando..? En eso un muchacho de la organización se acerca y me dice que intentarán hacerme un lugarcito cerca de Antonio. Y a mi claro me dan los nervios de nuevo porque hete acá la encrucijada del capítulo ¿Me siento cerca de Gala o la sigo con el loco? ¿Y si me siento cerca de Gala qué carajo le digo? ¿Le pregunto cosas? ¿Le hablo de mi? Estoy paralizada. Sé que EN LA VIDA voy a tener otra oportunidad como esta y sé también que a usted esto el importa un pito pero qué quiere que le diga (nada), yo jamás de los jamases imaginé que un día iba a estar debatiendo entre sentarme a charlar con el irónico de Brazatortas o con el chiflado onubense. ¡Porque los sueños nunca se cumplen en este mundo espantoso! (Dijo mi optimismo mal informado)

Sigo mi instinto. Salgo por donde salió Jesús. Se está acomodando en un lugar fuera del comedor, una suerte de patio techado con vistas al castillo de Almodovar, ni un pelo de tonto, “porque el loco es loco pero está bastante cuerdo”, me había dicho Luis Pineda cuando aún era un hombre libre, allá por el capítulo 2.

Cuelgo mi morral en la silla y sin dudarlo me siento a su lado. Los dos en silencio miramos la lluvia. La lluvia y el castillo. ¿Podría ser la situación más putamente romántica? Pienso que me queda sólo una semana y posiblemente hoy sea la última vez que lo vea. No quiero. No quiero que se termine este día. No quiero volverme a Buenos Aires. No quiero no verte más, loco andalú (sufro sobremanera). En eso un muchacho nos trae un plato de huevos con papas y pimientos y unas jarras de cerveza. ¡Pinta de pelos! Jesús da un bocado a la comida y me pasa el tenedor. Me lo quedo mirando; sonríe... (Capitulo siguiente pinche acá)

Continuará...

martes, 14 de marzo de 2017

Capítulo 93 "Carpe diem"

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Que la realidad supere la ficción es moneda corriente, vieja, uno mira el noticiero y las originalidades con las que nos desayunan los afanancios del parlamento no se le ocurrirían ni al más brillante de los guionistas. ¡En España, por ejemplo, quieren cobrar el sol! Y claro, usted para pelearme me dirá que últimamente vienen repitiéndose con un libreto que al parecer les funciona: nos prometen, les creemos (o no), nos roban, nos quejamos, sanseacabó. Pero yo insisto con que siempre tienen un as bajo la manga, deles tiempo y ya verá... Ahora, volviendo al tema que nos compete, que la realidad supere la ficción vaya y pase pero que supere a la imaginación... yo eso no lo había vivido nunca:

Terminamos nuestros tragos y salimos a enfrentarnos a la lluvia. Apenas se asoma a la puerta la gente se viene en malón Y SE CALLA USTED, VIEJA METICHE, que ahora mismo frente al barcito presencio la primera entrevista express del loco de la colina ¡YO EN LA CÁMARA! Delante de él un personaje bajito, muy simpático habla má cerrao que no se le entiende ná. Rauda y veloz enciendo mi precario nokia ¿Qué le preguntarías, Jesús? El loco no me mira pero escucha la pregunta y de lo más entusiasmado: ¿Si tuviera que matar a alguien a quién mataría? Todos hacen silencio como si estuviéramos en el estudio de televisión. El hombrecito calla un momento, perplejo, y luego responde algo que ni el maestro Escohotado sería capaz de traducir. Estallamos todos en una carcajada. ¿Y por qué no te conocí veinte años antes yo a vos, loco andalú? ¿Por qué naciste tan lejos de mi casa? (Porque sí)

Alguien se acerca y amablemente ofrece llevarnos en su auto hasta el lugar de la comilona atenea. De camino el chiflao se pierde en un mercadito y sale de ahí con un melón ¡¡que pesa una tonelada y media!! Me gusta mucho la fruta, me cuenta mientras subimos en el auto por las callecitas de Almodovar...

Me pierdo por la ventanilla, la lluvia golpeando el vidrio, las hermosas casitas a la vera, el auto va rodeando el castillo. Parece un sueño, una de principes azules. Y lo malo de que todo esté tan bueno es que se va a acabar... Qué difícil eso de vivir el presente que proponen los libros de autoayuda, ¿no? Ser feliz en el momento en que uno debe serlo porque está en donde quiere estar… De parranda con Jesús Quintero, hacerlo reír, que te haga pensar, descubrir su humanidad y permitir que te descubra la tuya… ¿Cómo vivir el presente sabiendo que en una semana me vuelvo a la Argentina? El loco seguirá su vida, Antonio se acerca al final y posiblemente no vuelva a verlo...


¿Será que estoy siendo feliz pero tanta adrenalina no deja lugar al carpe diem? ¿Es que la felicidad se esfuma tan rápido que se siente como si nunca hubiera sido? ¿O en realidad lo extraordinario no lo es tanto sino en nuestra memoria y cuando ya no podemos volver? (Capítulo siguiente pinche acá y va)

Continuará...


jueves, 2 de marzo de 2017

Capítulo 92 "Todo lo que quisiera (o quisiese)"

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Mi absenta andaluza
La felicidad nos espera en algún lado, dice Voltaire, a condición claro de que no vayamos a buscarla... Y la verdad es estoy a punto de darle la razón al tipo porque nada de feliz está teniendo este asunto salvo el diálogo que mantuve de corazón galopante hace un rato con Antonio Gala. Dos horas hace que estoy sentada entre el público aguantando la ceremonia atenea plagada de funcionarios sosos, sus poco originales discursos que nada dicen salvo lo que dicen (nada) y el viento que se los lleva. Por suerte la lluvia nos da una tregua. Antonio está sentado en el escenario entre Vigorra y el loco (creo que igual de aburrido) y para colmo de bienes una mosca no deja de molestarlo. Cada tanto hojea el libro que le traje. Le dice algo al oído a Quintero que reprime una carcajada. Ahí están ellos. Mis monstruos. Mi absenta andaluza.


Terminada la representación de las momias burócratas la cosa levanta con las palabra de Quintero que nos hace reír a todos. Luego Antonio dice las suyas y entonces hasta el cielo se emociona. Las gotas nos obligan a levantar campamento antes de tiempo. La gente huye del agua, espantada, como si fuera algo terrible... Yo no pierdo de vista al loco ¡que si no no sé cómo vuelvo a Sevilla! Se baja del escenario de lo más ágil y me apropincuo a su lado como quien no quiere la cosa. Caminamos por la plaza de la Constitución, no tengo idea de hacia dónde ¿Se habrá terminado el evento? ¿Le cuento que me quedé sin un peso y tiene que llevarme de vuelta? Me mira de coté y me comenta que vamos a almorzar a no sé dónde, como si ya fuera yo parte de su entorno. ¡¡Su ausencia de transiciones me fascina!! Caminamos unos metros y ahí nomás una tromba de carbulenses se nos viene encima ¡Mama mía! ¡Lo que es ser Jesús Quintero!


La lluvia se pone impiadosa. Tras escapar de la marabunta excesivamente cariñosa nos refugiamos en un barcito que encontramos por ahí. ¡Qué lindo es Andalucíaaaa! ¡Qué lindo es el barcitoooo! ¡Está lleno de personajes! ¡QUÉ LINDO TODOOO! Tú andas con toda la sarampión, andas buscando, me dice mientras toma de su cocacola. Yo me pedí un tinto pa ver si medio entoná me animo a decirle lo que quisiera. ¿Hay algo que encontrar, loco? Se queda mirándome un momento. Y ahora mismo creo que le propondría casamiento, su pelo mojado, su mirada rústica, sus zapatillas colorinche…

La coca y el tinto.
En eso se nos acerca un chico y sin pelos en la lengua: ¿Tú conoces a Fulana, Jesús? (Fulana es la simpática asistenta novia del loco que no vino a Almodovar) Sí, trabaja conmigo, responde Quintero algo sorprendido. ¡Tú hablaste con ella, Marina! Hago una pausa ¡¿Yo?! Lo miro desconcertada, no sé qué decir ¡Y es que no estoy acostumbrada a esto de andar con la celebrity! Pillados in fraganti, pienso, aunque en verdad no estábamos haciendo nada (todavía), pero estábamos solos en un barcito y qué teníamos que andar haciendo solos en un barcito si tendríamos que estar almorzando no sé dónde con no sé quiénes y mirá si el chico este le cuenta a ella que-- ¡Sí, hablé esta mañana pero me dijo que no podía venir!, concluyo y me clavo un trago de tinto. El chico asiente y se aleja, satisfecho.

Entonces nos miramos con Jesús convencidos de que estábamos haciendo lo correcto, como hacen a diario nuestros funcionarios. (Capitulo siguiente pinche acá)

Continuará...