sábado, 17 de junio de 2017

Capítulo 100 "El loco detrás del loco"

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Quiero trabajar con vos, loco, arremeto en un impulso pero no soy sincera y cuando uno no es sincero en general naufraga. Sincero con uno, claro. Mire si no usted al periodismo dando lugar a las rastas podemitas, al perro apaleado, al bebito abandonado para entretener a la marabunta frenética. Entretener entretiene porque usted se pasa el día hablando de eso pero el naufragio es lo otro, señora, mire a un periodista a los ojos y verá que no era comunicar sobre las rastas lo que soñaba el día que se recibió…. Sin ir más lejos saque sus ojos desvencijados del iphone y miresé ¡No sea cobarde, miresé! ¿Se acuerda dónde han quedado sus anhelos? ¿Recuerda lo que imaginaba para su vida hace dos, tres, cuatro décadas? Vea a su alrededor

¿Trabajar conmigo? Me mira tres segundos y vuelve al camino. Lleva la cara mojada por las gotas de la lluvia, los pantalones empapados, arrastra las botamangas por el suelo; pantalones de campana bordó rallados, como nosotros dos. Siento que esperaba otra respuesta y claro que la respuesta era otra porque trabajar con él implica pasar tiempo juntos, conocerse, descubrir al loco detrás del loco, al amor después del amor.

Porteña neurótica, habrá pensado, se viene hasta acá y ahora recula. O quizá no, quizá pensó por qué no soy diez años más joven para poder joder con ella hasta que amanezca; o tal vez recordó que se había olvidado de almorzar y qué espantosa la versión del himno de ayer en Almodovar; o por ahí le agarró la duda ¿Metí o no en el morral las preguntas que tengo que a hacerle al Farruquito? Será tal vez que no soy lo que ella imaginaba. ¿Y si me llevo esta cuerda a casa y llega justo la tercera en discordia? (Esto último lo pensé yo, no le voy a mentir aunque usted me pide a gritos que lo haga)


Finalmente pensé que pensó lo que me conviene a mi y a este relato. ¿Vas a entrar?, me dice y me corta el mambo, siempre manteniendo la distancia, el gesto adusto pura pose. Los dos parados frente al portón de madera. Sí, en un segundo, voy a llamar primero a mi mamá. Asiente y abre la puerta. El loco andalú se funde con el espíritu flamenco del lugar. La puerta se cierra, me quedo sola. La lluvia arrecia. Y sí, la respuesta era otra. (Capítulo siguiente pinche acá)

Continuará...


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